El aprendiz de fotógrafo
Vamos a perfilar lo que sería el camino típico que suele seguir un fotógrafo aficionado (y un fotógrafo profesional) y lo vamos a intentar resumir en 10 pasos.

Es una generalización y no tiene que ser así, cada uno sigue su propio camino.
Pero es para tener un poco de contexto y para que tengas una especie de mapa de ruta orientativo.
1# Entender la técnica básica
El funcionamiento de las cámaras de fotos y los parámetros de configuración más importantes, sobre todo los relacionados con la exposición.
2# Entender y aplicar algunas recetas de composición
A la vez que se va consolidando la técnica vamos a ir mejorando la parte artística.
Inicialmente suele ser un proceso de imitación: si seguimos a otros fotógrafos podemos intentar imitar su estilo y sus técnicas.
También se suele empezar aplicando algunas ‘reglas’ de composición que suelen funcionar bien en muchos casos.
El problema de aprender a partir de ‘reglas’ o recetas es que nos podemos quedar estancados si no sabemos por qué motivo funcionan o dejan de funcionar en cada situación.
3# Mejorar el equipo
No me refiero a comprar la mejor cámara y los mejores objetivos.
Cuando empezamos a tener un poco claro cuáles son nuestras metas puede ocurrir que nos limite el equipo.
Por ejemplo un buen trípode es fundamental para muchos tipos de fotografía.
Buscar un objetivo que sea adecuado para ciertas situaciones.
Otros complementos que nos permiten nuevas posibilidades artísticas.
Pero ten en cuenta que el equipo sólo ayuda. El equipo y la técnica es sólo el medio, no el fin.
#4 Entender bien la luz
Creo que es uno de esos saltos de calidad.
Cuando empezamos a entender el efecto de la luz sobre los objetos, sobre el color…
Cómo sacar el máximo partido a la luz que tenemos en una situación y cómo buscar los momentos más favorables: amaneceres, atardeceres… según el tipo de fotografía que nos interese hacer.
#5 Edición
En la fotografía digital todas las fotos llevan un proceso de edición.
Si alguien dice que ‘editar una foto no es fotografía‘ es que no sabe muy bien cómo funciona una cámara digital.
La edición forma parte del proceso de crear una fotografía.
La cámara no ‘ve’ como lo hacemos los humanos.
La edición consiste, como mínimo, en transformar esa imagen que ve la cámara en una imagen que se acerca más a lo que habíamos experimentado en persona en esa escena.
Pero puede ir más allá. La edición es un proceso artístico y por lo tanto no hay límites ni normas.
Como ocurre con el equipo, la edición es un medio, una herramienta, que nos permite conseguir un resultado artístico.
Hay fotógrafos que conocen tan bien la fotografía y su equipo que pueden obtener fotos prácticamente terminadas directas de cámara (saben qué tipo de edición hace su cámara y la aprovechan) en determinadas situaciones. Pero por lo general la edición va a formar parte de tu flujo de trabajo.
Entender esta parte nos va a dar más control sobre nuestro proceso creativo.
#6 Especialización
Es imposible abarcar todo el conocimiento de todas las disciplinas y variantes de la fotografía.
Poco a poco nos vamos especializando en algunos tipos de fotografía.
Por ejemplo a una persona le puede gustar más la fotografía de paisaje, a otra el retrato, o la fotografía callejera, o la de arquitectura…
No se trata de encasillarse en una disciplina. Se trata de que vamos a poner más esfuerzo en aprender y mejorar en esas áreas que nos resultan más atractivas.
#7 Controlar la luz
También puede suponer un salto importante, dependiendo del tipo de fotografía.
El hecho de controlar la luz con iluminación artificial abre un universo de posibilidades, porque no se trata ya de buscar esas situaciones de luz más favorables, sino de crearlas uno mismo.
No todos los aficionados ni todos los fotógrafos profesionales utilizan iluminación artificial, depende mucho del tipo de fotografía y de la especialización.
#8 Referencias artísticas y encontrar un estilo propio
Desde lo que comentábamos para el punto 2 hemos ido aprendiendo (y desaprendiendo) sobre composición y lo hemos puesto en práctica.
Analizamos nuestras propias fotos y las de otros fotógrafos.
Ya tenemos una idea más formada de lo que nos gusta y lo que no nos gusta.
A medida que evolucionamos como fotógrafos vamos mejorando (normalmente), y lo que antes nos parecían fotos maravillosas quizás pierdan valor porque ahora podemos superarlas de alguna forma, o porque ha cambiado nuestra percepción o nuestro gusto personal.
Todo eso va modelando un estilo propio.
No hay que imaginarlo como que surge un estilo rompedor y original, de genio de la fotografía.
Se trata más bien de un criterio personal, una especie de compendio de las cosas que nos gustan y las recetas que seguimos para llegar a esas fotos que nos resultan más atractivas.
#9 Menos fotos, pero más trabajadas
Al principio la mayoría de las fotos las vamos a hacer por instinto, o siguiendo los cuatro recursos básicos de composición.
Se suelen hacer muchísimas fotos. Podríamos decir que un poco con la idea de que por estadística alguna saldrá medio decente.
Y son normalmente fotos improvisadas, sobre la marcha, tomando decisiones rápidas y poco meditadas.
A medida que evolucionamos como fotógrafos cada vez interviene menos el instinto e iremos buscando más la preparación.
Lo que antes era llegar y disparar, cada vez va siendo más un proceso de análisis, más sosegado, para buscar ese encuadre especial, para que la imagen transmita un mensaje o para que sea estéticamente más atractiva.
A veces la ‘foto’ aparece mucho antes en nuestra cabeza. Y a partir de ahí planificamos, buscamos las condiciones adecuadas, el equipo necesario, las técnicas, etc. hasta conseguir que esa foto que teníamos prevista se convierta en la foto real (o al menos lo intentamos)
Esa intencionalidad marca la diferencia en muchas situaciones.
Por otra parte, lo que al principio es un instinto sin fundamento, poco a poco se va convirtiendo en una especie de instinto ‘ilustrado’.
En situaciones rápidas en las que no hay tiempo para pensar la toma de decisiones es cada vez más acertada.
#10 La montaña rusa del aprendizaje
No es un paso o una etapa, es nuestra percepción a lo largo de todo el proceso de aprendizaje. Y esto ocurre en todas las disciplinas.
A medida que aprendemos más sobre un tema vamos descubriendo que realmente sabemos muy poco. Es lo que se conoce como efecto Kruger-Dunning.

Al principio, cuando aprendemos los conceptos básicos de técnica fotográfica y las cuatro reglas de composición, nos da ese subidón de moral… y creemos que ya lo sabemos (casi) todo.
Pero a medida que vamos rascando un poco más y vamos aprendiendo (y desaprendiendo, que es lo más difícil)… nos damos realmente cuenta de la inmensidad de la fotografía.
Y entonces caemos en el pozo: esto es demasiado para mí, es imposible que aprenda todo eso, nunca voy a hacer fotos como las que veo aquí y allá, yo no tengo creatividad, mis fotos son basura…
Es muy importante llegar a ese ‘pozo’, que se conoce como ‘Valle de la Desesperanza‘.
Las personas que no llegan se quedan en la fase de ‘cuñado que lo sabe todo‘, en el llamado ‘Monte de la Ingenuidad‘ y es un muro muy difícil de traspasar porque en esa zona se vive muy cómodo.
Ponte una alerta mental y revisa cada cierto tiempo: si crees que ya lo sabes todo sobre fotografía, hace tiempo que no aprendes algo nuevo, y crees que tus fotos son maravillosas… Cuidado. Posiblemente estás viviendo en el Monte de la Ingenuidad 🙂
Como digo, llegar y atravesar el Valle de la Desesperanza es una fase más del proceso, una fase importante porque es donde empieza realmente el camino del aprendizaje y la mejora constante.
Nunca se termina de aprender. Cada día se pueden aprender cosas nuevas sobre fotografía.
