Gestión de la exposición (introducción)

La gestión de la exposición podríamos decir que es la base de la parte de técnica fotográfica.

Ya veremos en otros capítulos todas las implicaciones y todo lo que hay que tener en cuenta. En este capítulo vamos a hacer una primera aproximación.

Gestión de la exposición en fotografía

La exposición es la cantidad total de luz que llega al sensor por unidad de superficie.

Esa cantidad total depende de la intensidad de luz que llega de la escena (número de fotones por segundo) y del tiempo que dejamos que esos fotones se ‘acumulen’ en el sensor.

La gestión de exposición consiste en ‘programar’ la cámara para que consiga la exposición que queremos para cada foto.

Apertura y tiempo de exposición

Podemos actuar sobre los dos parámetros que habíamos comentado cuando vimos cómo funciona una cámara de fotos :

  • Intensidad de luz que llega al sensor
    Si la escena ya tiene una determinada iluminación lo único que podemos hacer es reducir la intensidad: mediante el diafragma (ajustando su apertura) o mediante métodos externos (filtros por ejemplo).
    En la mayoría de los casos el parámetro que vamos a ajustar es la apertura del diafragma.
  • Tiempo de exposición
    El tiempo de exposición lo controlamos con el obturador de la cámara.
    Este parámetro se conoce como tiempo de exposición o velocidad de obturación.

Lo normal es que los tiempos de exposición sean muy cortos, una fracción de segundo. Hacemos clic y ya está hecha la foto.

En esos casos se suele hablar de velocidad de obturación.

Otras veces nos interesa o necesitamos tiempos de exposición más largos: varios segundos, incluso minutos…

En esos casos se suele habar de tiempo de exposición tal cual.

Pero las dos expresiones son intercambiables porque hacen referencia a lo mismo.

Para una cámara estándar normal tenemos entonces dos parámetros de control principales:

  • Diafragma (apertura)
  • Velocidad de obturación

ISO – El tercer parámetro

Dicen que no hay dos sin tres…

Y sí, hay un tercer parámetro: la ‘sensibilidad‘.

En las películas fotográficas cada tipo de compuesto químico o su estructura (p.e. tamaño de las sales de plata) ofrecía una cierta eficiencia a la hora de captar la luz.

Un rollo de película tenía una determinada sensibilidad, que se medía mediante un estándar internacional: ISO o ASA.

La ventaja de los sensores electrónicos es que se puede ajustar esa ‘sensibilidad’ a voluntad desde la cámara.

En el mundo de la fotografía digital se quedó el término ISO como sinónimo de ‘sensibilidad‘.

Exposición en fotografía: ISO

De todas formas sensibilidad es un término que puede llevar a confusión en el caso de las cámaras digitales.

El sensor capta los mismos fotones, la misma cantidad de luz, independientemente de la sensibilidad que ajustemos.

En los sensores electrónicos ajustar la sensibilidad equivale a amplificar la señal eléctrica: no cambia la eficiencia del sensor y no cambia el número de fotones con el que vamos a generar la imagen final.

La cantidad de fotones que capta un sensor depende de la intensidad de luz que recibe y del tiempo que está ‘expuesto’ a esa luz.

No hay magia.

No se puede crear más luz de la que llega desde la escena.

Y subir ISO tiene un coste: hace más visible el ruido electrónico generado en el sensor.

Este ruido electrónico o ruido digital se percibe como una especie de granulado en la imagen.

Exposición aparente

En la exposición real sólo intervienen dos factores: intensidad de luz y tiempo.

En términos de los controles de la cámara intervienen la apertura y la velocidad de obturación.

El parámetro ISO no afecta a la exposición real. Afecta a lo que podríamos llamar exposición aparente, es decir, en el aspecto que tendrá la imagen final en cuanto a luminosidad.

Imagina que tenemos una escena con una determinada iluminación.

Ajustamos la apertura y la velocidad de obturación, y obtenemos una imagen final con un determinado brillo medio o luminosidad. Ésa sería su exposición real.

Si subimos el ISO el sensor habrá recibido la misma cantidad de luz, pero la imagen final aparecerá con una mayor luminosidad, como si en la escena hubiéramos aumentado la iluminación de alguna forma mágica (sería equivalente a aumentar la exposición real).

Ésa sería la exposición aparente.

En fotografía siempre se suele hablar de la exposición aparente, la llamamos simplemente exposición.

Y se suele hablar del ‘triángulo de exposición‘, que incluye los tres parámetros que hemos visto:

  • Diafragma (apertura)
  • Velocidad de obturación
  • ISO

No todas las cámaras tienen esos tres parámetros de control.

Por ejemplo, en la mayoría de los móviles sus cámaras no incluyen diafragma. La gestión de la exposición se realiza con la velocidad de obturación (no suele ser un obturador físico sino un proceso electrónico) y con el ISO.

El ISO como comodín

Vamos a suponer que nuestra cámara (cámara + objetivo) tiene la posibilidad de usar los tres parámetros: apertura, tiempo de exposición e ISO.

La apertura del diafragma tiene un ‘efecto secundario’ relacionado con la cantidad de escena que aparece enfocada (profundidad de campo).

Esto ya lo veremos más adelante, pero digamos que ese efecto lo podemos usar como ingrediente artístico (por ejemplo para conseguir que el fondo aparezca desenfocado).

El tiempo de exposición afecta en el caso de escenas con objetos en movimiento.

Un tiempo de exposición muy corto permite ‘congelar’ el movimiento en la imagen final.

Un tiempo de exposición largo hace que la trayectoria del objeto en movimiento aparezca en la imagen final como una especie de estela (motion blur) o, si movemos nosotros la cámara durante la exposición, toda la imagen aparecerá con esa estela: se dice que tenemos una imagen movida (por trepidación).

Por lo tanto, el tiempo de exposición también tiene un efecto en la imagen final que podemos usar como ingrediente artístico o que nos va a limitar dependiendo del efecto que queremos conseguir.

El ISO no aporta ningún efecto artístico.

Podemos pensar en el ISO como un comodín que nos da un grado más de flexibilidad cuando los otros dos parámetros los tenemos prefijados para conseguir el efecto artístico que nos interese.